domingo, 8 de marzo de 2009

JACINTO PEREZ MERINO

JACINTO PEREZ MERINO
La lectura de un artículo sobre Jacinto Pérez Merino, en el nº323 de nuestro periódico “CNT”, nos ha animado a conocer más datos sobre este compañero. Os presentamos el texto publicado por el periódico “CNT” y un extracto de un texto escrito por él en la revista local de Renteria “Oarso”.
Su padre, Roque, fue despedido en una huelga. Nombrado a la fuerza concejal, durante la dictadura de Primo de Rivera, fue destituido al declararse “anarquista”. Su hermano mayor, Tomás, fue uno de los fundadores del SU de CNT de Rentería en 1931. Eduardo, otro hermano mayor, fue un activo propagandista y hombre de acción. Eduardo, combatió en el batallón Bakunin y murió en mayo de 1937 en el frente alavés, siendo ascendido póstumamente a teniente. Otra hermana, Teofila, fue una de las compañeras que confeccionó la bandera confederal que presidía el local incautado al Círculo Carlista. Jacinto nació en Rentería el 21-IX-1916. Comenzó a trabajar a los 13 años en un taller mecánico. Ingresó en la CNT. Estando ésta en la clandestinidad, hacia 1933-1934, cobraba las cuotas. Fue el primer secretario general de las recién creadas JJ.LL. renterianas. Su casa era lugar de refugio y paso de compañeros huidos. Acudió como observador al Congreso de Zaragoza de 1936.
En julio de 1936, Jacinto acudió presto, como sus hermanos, a hacer frente a la rebelión militar, a San Sebastián: frente al Casino, en Gros, Larramendi, y en Trincherpe. Cayó herido el 27-VII- 36 en el campanario de la iglesia de Rentería, quedando inútil de un brazo. Siguió bregando en la retaguardia aunque figuraba en las nóminas del batallón Sacco y Vanzetti. Fue secretario del SU de Rentería en Vizcaya. Antes de caer Bilbao, participó, por las JJ,LL., en una reunión del FP donde CNT rechazó el tardío ofrecimiento de incorporarse al Gobierno Vasco.
Evacuado del Norte, trabajó en Servicios Auxiliares. En el exilio sufrió las penalidades de Argelés sur Mer y Gurs. Jacinto y Tomás colaboraron con la Cruz Roja Internacional y con la Resistencia. Ayudaban a quienes huían del franquismo. Jacinto se libró por poco de ser deportado a Mauthausen. Tras la liberación de Francia, representó a las JJ.LL. en el seno de la Junta Española de Liberación de Bayona.
En 1948 emigró a Caracas. Fue vocal en la Casa de España (republicana) desde 1951. el 14 de abril de 1961 fue condecorado con la “Orden de la Lealtad de la República Española”, junto a sus hermanos Jesús y Valeriano, entre otros. Formó parte del Gobierno Vasco Confederal, activo en la recaudación de fondos a favor del ML, intensificada en los años 70. los desgarros que aquejaron en los 80 y 90 al ML afectaron al quehacer orgánico de Jacinto. No obstante, ha contribuido con sus escritos en la revista local Oarso a que se conozca la presencia libertaria en la historia de Rentería.
(Extraído del periódico CNT, nº323, mayo 2006)
Jacinto Pérez Merino. Trabajé como aprendiz en el taller de José León Olascoaga. Destaqué pronto en el manejo de las herramientas, trabajando como tornero-ajustador, siendo considerado como un excelente profesional por las empresas que me contrataron. A los 16 años, mi sindicato me nombró delegado laboral, ya que había seguido los pasos de mis hermanos mayores sindicándome en la CNT. En las primeras horas del 18 de julio salí a la calle encontrándome con un compañero con quien comenté las noticias que la radio estaba trasmitiendo. Era el secretario del sindicato y me dijo que había que actuar rápidamente. Nos fuimos a la Alameda, donde ya se estaban concentrando en grupos los obreros de las distintas organizaciones políticas y sindicales. Ese mismo día voceé en la Alameda el semanario “Juventud Libre” que acababa de aparecer como portavoz de las Juventudes Libertarias. Desde hacía unos meses yo era secretario del grupo local. Actué con otros compañeros, nada más hacerse la noche, en puntos de vigilancia de los accesos a la Villa. Los primeros disparos de fusil que se hicieron en Rentería fueron en la Alameda, debían ser las 12 de la noche. Yo estaba reposando y soñoliento en un banco del Sindicato, situado en la calle Capitán-enea. Sobresaltado salí rápido del local mientras se extendía el olor a pólvora. Me situé junto al kiosco de la música donde la guardia civil local al mando de su sargento, llamado Benito, era el que disparaba contra un coche que pasó rápido delante de ellos en dirección a San Sebastián, no obedeciendo las señales que se hicieron a los ocupantes. Debieron acertar ya que el vehículo fue abandonando en la subida de los Capuchinos. De los ocupantes ni rastro.
Otra noche, creo que el día 22, estaba de guardia con otros compañeros en la Avenida de Navarra con una simple escopeta. Estábamos encaramados sobre el muro de la Papelera, junto a los montones de troncos para hacer pulpa de papel. En eso, vimos llegar un coche que cruzó el puente de Santa Clara, al que hicimos la señal de parar. Eran renterianos y según me dijeron iban a ver cómo estaban las cosas por los aledaños de Oyarzun. Era noche cerrada y me dijeron que les acompañase. Me resistí en un primer momento ya que pensaba que era correr riesgos innecesarios. No obstante, les acompañé. El coche se puso en marcha con las luces apagadas y tomamos la carretera hacia Alcibar. A los pocos segundos, después de pasar la bifurcación que lleva hacia Oyarzun, pasó un coche a toda la velocidad con los focos encendidos en dirección a este pueblo de arraigo carlista. Hablé con mis acompañantes y les sugerí dar la vuelta para impedir que nos tendiesen una emboscada. Así había caído Samperio y otro que le acompañaba en una temeraria incursión.
No sigo, ya que es sabido que caí herido al día siguiente de doblegar la resistencia de los militares alzados en San Sebastián, según conté en Oarso de 1988, donde escribí el artículo titulado “Crónicas de un exilio”.
(Extraído de la página Web errenteria.net. Revista Oarso. Una gran familia de izquierdas en Rentería. Páginas 70 y posteriores. Año 2005.)

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